Salutación angélica

lunes, 19 de octubre de 2009 11:40 Publicado por Cesar Matamoros
Todavía quedaba en el ambiente ese olor dulzón que la había casi hipnotizado antes, habría jurado que en el aire se podían ver todavía pequeñas chispas de su presencia.
Se sentó y se puso una mano en el vientre, creyó que sentiría algo especial pero nada, sólo sentía el pulso acelerado producto del tremendo susto que se acaba de llevar. Se puso a pensar en lo que había sucedido. El olor había desparecido casi por completo y ahora, libre del sopor, se sintió un poco tonta. Nunca había sido muy difícil convencerla de algo pero esta vez fue demasiado fácil.
“No eran circunstancias normales” pensó y lo tomó como punto a su favor “No todos los días está una hilando y de repente entra alguien así”.
Cerró los ojos y pudo verlo como si todavía lo tuviera en frente. Espalda ancha y tez increíblemente blanca, se movía y hablaba con una soltura antinatural tomando en cuenta que era un extraño en la habitación de una muchacha, su voz era tersa pero fuerte, más tarde ella la recordaría como miel espesa siendo vertida sobre un pedazo de pan caliente. Y ese olor, él olía a algo vago, algo difuso, un recuerdo de la infancia, un abrazo de madre. Tenía el cabello largo y rubio, cosa que no era muy común por esos lugares y cuando habló, habló de suerte, de buenaventura y de hora buena, y otras cosas que ella no logró comprender del todo.
Ella nunca había sido suertuda, mucho menos habiendo nacido en un lugar en donde el sólo hecho de ser mujer era ya un golpe de mala suerte, sin embargo lo escuchó, escuchó con detenimiento cada sonido que él producía, en realidad era difícil no hacerlo, hablaba de una manera tan extraña y diferente que le provocaba un deseo ajeno, algo que ella no conocía.
Él siguió hablando y ella estaba embelesada con su tono de voz y ese brillo que parecía envolver su rostro, de piel suave y facciones angulosas, se asombró de escucharlo hablar de cosas tan humanas, viscerales y primitivas pero en él sonaba todo divino, celestial, “es un excelente orador” pensó ella “podría venderle lo que sea a quien sea”.
Mientras pensaba la envolvió el silencio, se sobresaltó al ver que él la miraba intensamente, como esperando un respuesta, ella trató luego de recordar lo que había salido de su boca en ese momento pero no pudo, fue como si las palabras cayeran por sí solas de entre sus labios, al terminar de hablar ella él sonrió y se levantó, ella hizo lo mismo por no saber que más hacer y sin despedirse, aquel extraño se dio media vuelta y se marchó, ella sintió deseos de correr detrás de él, de hacerlo hablar más pero no lo hizo, se quedó clavada en donde estaba. Intentó pensar en aquello a lo que había accedido, pero nada, su mente estaba en blanco.
Poco a poco salió de su adormecimiento y las ideas comenzaron a tomar forma en su cabeza, ahora ahí, sentada con la mano en su vientre, se llenó de miedo “¿Qué he hecho?” pensó, “¿Qué fue lo que pasó?”, necesitaba hablar con alguien pero estaba sola, además dudó que alguien le creyera cuando lo contase, lo mejor será callarlo, pero había alguien a quien no podría ocultárselo, nuevamente fue presa del miedo, pero poco a poco ese sentimiento fue cediendo como tierra lavada por el cauce del río y fue dejando en su lugar una sensación extraña. Tal vez fue la apariencia extraña y hermosa de aquél celícola, o tal vez fue el descomunal par de alas que brotaban de su espalda, o tal vez era el cansancio, pero el caso es que ella se dejó sentirse optimista, años después al volver a lo sucedido aquel día no pudo evitar sentirse ilusa al recordar su último pensamiento de esa noche “Todo va a estar bien”.

0 Response to "Salutación angélica"

Publicar un comentario