El ilusionista

jueves, 11 de marzo de 2010 13:45 Publicado por Cesar Matamoros

El pobre hombre se quedó ahí sentado sintiéndose miserable, el eco del portazo provocado por el último espectador todavía jugueteaba rebotando contra las paredes casi burlándose de él.
Estaba sentado en la única silla sobre el escenario, con los codos apoyados en las rodillas y la cabeza entre las manos sintió un sollozo apretujársele en la garganta. No se permitió llorar, entendía muy bien que todo era culpa suya.
Levantó la mirada como para enfrentar al público aunque no había nadie ahí. Las luces seguían encendidas cegándolo a medias. Sintió algo rozar con su tobillo, miró pero le costó ver que era pues el círculo luminoso que habían dejado los reflectores quemado en sus retinas no le permitía ver bien.
Volvió a sus pensamientos - ¿Cómo es posible que me haya vuelto a cagar en todo? – se preguntaba a sí mismo mientras movía la cabeza de un lado al otro como no queriendo creer que se encontraba en la misma situación que muchas veces había pasado.
Sintió nuevamente algo cálido rosar su tobillo, sea lo que fuera exigía atención. Ya con la vista un poco más despejada miró hacia abajo se reclinó y tomó entre sus manos al pequeño pato que encontró rondando su silla, al mismo tiempo sintió ganas de estrellarlo contra el suelo, pero no lo hizo, lo acarició y lo colocó en su regazo, después de todo no era culpa del pobre pato, ni del par de cachorros que ahora mordían las faldas del telón, ni el gatito que se entretenía con la cola de sus esmoquin, era todo su culpa.
En sus oídos resonaba el “BUUUUU” del público y recordaba con viveza el bochorno que sintió, el sudor frío y los dedos temblorosos mientras lo intentaba una y otra vez.
Esta era la historia de su vida.
-Tanto ensayar para mandarlo todo a la mierda, como siempre.- dijo tratando de entablar una conversación con el pato.
Mucho tiempo ensayó el acto, las pocas personas que lo vieron antes del debut estaban maravilladas, ahora ni ellas permanecían en sus butacas.
Durante semanas solo en eso pudo pensar. Soñaba repasando los pasos. Pasaba más tiempo con la mano metida en el sombrero que cualquier otra cosa.
Se imprimieron los volantes, la gente asistió en gran caudal y a la hora de la hora, justo en el momento en que la tensión montaba entre la audiencia, metió la mano en el sombrero, supo de inmediato que algo andaba mal pero decidió seguir, tomó lo que encontró y lo sacó con una gran sonrisa, la gente del publico permaneció en confundido silencio, lo que sostenía en su mano era un pato, pequeño y amarillo, justamente el mismo que ahora jugueteaba en su regazo.
Desesperado metió la mano nuevamente al sobrero, esta vez creyó que lo tenía y tiró con fuerza, simultáneamente el silenció se convirtió en abucheo, lo que tenia en su mano esta vez era un cachorro, un pequeño perro marrón, intentó una y otra vez sumido en completa desesperación hasta llenar el escenario de adorables animalejos, pero ningún conejo.
Poco a poco y llenos de decepción los ahí presentes fueron saliendo, alguien por ahí trató de aplaudir por lástima pero fue rápidamente acallado por la presión de los demás.
- Un conejo, un simple conejo era lo que la gente esperaba de mi, y no pude, no fui capaz de lograrlo – se sintió decepcionado de si mismo y abandonó el escenario derrotado, que más hubiera deseado que poder unirse a la turba que se arremolinaba afuera y poder gritar “que me devuelvan el dinero” y no tener que ser él en ese momento.





imágen tomada de: http://m-lara.deviantart.com/art/hat-with-magic-78965034

1 Response to "El ilusionista"

  1. Daniela Says:

    Pero nadie nunca antes había sacado un pato que yo sepa

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