Ejercicio Narrativo I

martes, 27 de julio de 2010 13:58 Publicado por Cesar Matamoros
El vientre del Dragón


El aire se sentía enviciado, la poca luz que había parecía pesar sobre la piel y tuve la sensación de ser el primero en poner pie en ese lugar. Olores extraños llenaban el ambiente y me provocaban  un cierto sopor, como un licor dulce, di un primer paso y trastabillé en algo, al mirar no había nada, fue como si el piso se hubiese contraído solo para hacerme tropezar, esto me hizo reparar en la extraña estructura del lugar, todo parecía respirar, las paredes estaban cubiertas de lo que parecían escamas, daban la impresión de humedad pero eran secas al tacto. Una calidez me envolvió, lo que me terminó de convencer de que estaba dentro de un animal vivo, enorme, sobrenatural.
Di un segundo paso y el suelo pareció reaccionar a mi peso, como si pasara el dedo sobre la espalda desnuda de alguien, parecía un escalofrío de placer, caminé y alguna paredes se movían, otras se disolvían a mi paso como guiándome hacia algo, algo que yo quería encontrar sin saber que era, obedecí sin protestar, giraba en cada esquina y caminaba ausentemente por los pasillos si es que se les podían llamar así, mientras caminaba noté que mi piel cambiaba de color, o más bien se decoloraba, corría una pequeña corriente de aire que al chocar conmigo parecía llevarse en pequeñas partículas de pigmentación mi color humano, dejándome blanco, pálido. Comencé entonces a sentir la cercanía, algo me esperaba, algo sentía la urgencia de mi presencia, apuré el paso pero parecía ir más despacio, al parecer mi prisa era irrelevante aquí, yo ya no era dueño de mi tiempo sino a la inversa, la hora de mi llegada sería decidía y no por mí, sólo me quedaba esperar que estuviéramos cerca, no cerca en distancia sino en tiempo.
Una tras otra la paredes se disolvían dándome paso, guiándome hasta una hasta una que finalmente se resistió, no había a donde más ir, presioné con mis manos pero nada, la pared pareció sentir cosquillas mas no cedió, pegué la oreja contra la pared y escuché, más allá del pulso fuerte y constante había una serie de gemidos y sonidos guturales, como si alguien tratase desesperadamente de despertar, sentí curiosidad por saber quién era pero la pared no cedía. Con los dedos logré levantar una de las que parecían escamas y de un tirón la arranqué, me abrí camino a través de la pared de esa manera, por mis manos corría un liquido marrón y espeso, sin olor pero con la calidez característica de la sangre humana, aunque yo mismo sabía que nada humano  había ahí.
Una vez al otro lado vi luz, pero ésta luz no parecía provenir de ninguna parte, parecía solamente flotar en el aire, como un humo, una bruma que se resistía a disolverse, frente a mi había lo que parecía ser una persona adulta, en posición fetal, a simple vista parecía flotar a medio camino entre el suelo y el techo, pero una vez que mi vista se hubo acostumbrado vi que lo sostenía un delgadísimo hilo umbilical. Quedé sin habla, fascinado, el ser se revolvía en sueños, pero parecía estar punto de despertar, lentamente estiró una pierna hasta rascar la superficie del suelo con los dedos, plantó firmemente el pie y luego bajó la otra pierna, mantenía los ojos cerrados, lo que le daba un aire de sonambulidad que me hizo retroceder un paso, por alguna razón siempre he tenido miedo de los sonámbulos. Abrió por fin los ojos y noté entonces que su cuerpo era la fuente de la luz, en algunas partes su piel era casi traslúcida y por ahí se escapaba cierta luminosidad, como si estuviera relleno de estrellas, feroces y fulgurantes pero lejanas, me miró directamente, y caminó hacia mí con la mano extendida, imitaba casi a la perfección a un ser humano, a no ser por la ferocidad de sus ojos, rasgo propio de los felinos. Con la punta de los dedos me rozó la mejilla y de inmediato un escalofrío me recorrió de pies a cabeza, abrió la boca y se dispuso a hablar, movía la boca con dificultad, de alguna manera supe que su lenguaje era diferente, era etéreo y superior a mí.
Habló de árboles gigantes, habló de amor y odio, habló de sexo, habló de plantas y animales que yo no conocía, habló de emociones complejas e intrincadas, y habló de mí, me habló a mí, fue mío y fui suyo, supe entonces que estaba en sueños, la escena comenzó a disolverse, traté de tocarlo una última vez, solo una vez pero mi mano quedó en el aire, y ahí estaba cuando abrí los ojos, estaba acostado sobre mi espalda con ganas únicamente de llorar, traté de dormir nuevamente pero fue imposible, supe dentro de mí que no volvería a suceder nunca, esa fue la primera y última vez que soñaría con el vientre del dragón.

1 Response to "Ejercicio Narrativo I"

  1. Amorexia. Says:

    Excelente texto! si fue sueño o ficción, la intrascendencia de el detalle es clara ante la maravilla de mis ojos.

    deshora, impecable!!

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